-Bueno, aquí estamos de nuevo, tú y yo.
Definitivamente, no me vencerás ésta vez, tengo al equipo perfecto para
vencerte y todos al nivel cien. Bien, hora de la verdad, Red.
Esto parecía ser un día más, en la vida
de un chico cualquiera al que le llamaban la atención los pokémon. Pero,
ciertamente, no era otro día, como cualquier otro, había, no solo un chico,
eran exactamente, mil setenta chicos y chicas, jugando con sus consolas Double
Screen y Game Boy, alrededor del mundo. Todos, jugando alguna de las versiones
de pokémon. Desde la primera generación hasta la última. Todos y cada uno de
ellos, estaban por acabar al cien por ciento, su juego.
Todos estaban conectados, ya que todos
habían llenado su Pokédex, transmitiéndose los pokémon uno al otro, a través de
intercambios. Lo curioso era, que fuera éste, el primer vídeo-juego de pokémon
que cada uno jugaba y que además, terminarían al cien por ciento. ¡Todos al
mismo tiempo! Estaba predestinado que así fuera. Pero, cuando todos tenían
exactamente, un 99.9 por ciento del juego completado, el chico que estaba
combatiendo con Red, logró vencerlo y terminar el juego cinco segundos antes
que el resto.
Cuando llegó el momento en que todos
completaron el juego, todas las consolas se apagaron repentinamente y al mismo
tiempo. Y todos esos pokémon trainers parecieron haber sido víctimas, del canto
de un Jigglypuff, pues todos cayeron en un muy profundo sueño.
El primero en cumplir la profecía de “Los
mil setenta”, fue el primero en despertar. Él, deslumbrado por la luz que había
y completamente desorientado, dijo:-¿Dónde estoy?
Su pregunta tuvo por respuesta, la
aclaración de su vista, lo que le permitió ver una figura extraña, aunque,
peculiarmente familiar. Pero, algo era seguro... no tenía forma humana.
-Despierten todos, yo se los ordeno.
En ese preciso instante, el chico notó,
que no estaba sólo. Algunos estaban desconcertados, otros maravillados y el
resto asustado. Era un lugar precioso, pero, ¿como llegaron a allí? y ¿con cual
motivo?
-Yo mismo, les explicaré todo lo que
necesitan saber.
-¿Tú quién eres?-Preguntó una chica.
-Dirígete con más respeto hacía tu señor
y creador de todo lo que ves y conoces. Ésta es la forma mejor conocida por
ustedes, como, "Arceus".
Todos lograron por fin distinguir de la
silueta, al magnífico y todopoderoso, Arceus. Quien estaba en los cielos,
luciendo de la forma más majestuosa que se puedan imaginar. Al verse ante él, por
respeto, todos se hincaron en una rodilla, en señal de reverencia.
-Yo les necesitaba a ustedes aquí, pues
son parte de la gran profecía de "Los mil setenta", quienes se
supone, traerán paz a los dos mundos que fueron obra y gracia mía. Pero, para
llevar tranquilidad a un lugar que alguna vez lo tuvo, deben saber la razón, del
cese de la felicidad.
Arceus, comenzó a contarle a sus
creaciones, la historia del comienzo de todo y todos.
Según Arceus, él creó a los pokémon y les
dijo que poblaran el mundo y les permitió hacer, lo que ellos quisieran, pero, él
seguía insatisfecho, sentía que aún faltaba algo por hacer, ya que el mundo aún estaba muy vacío. Entonces, decidió crear al humano.
La convivencia entre humanos y pokémon,
parecía ir de maravilla, aunque, algo inquietaba al creador, puesto que algunos
pokémon no parecían estar del todo contentos, con eso compartir el mundo con los
humanos.
Las inquietudes, terminaron por ser un
problema verdadero. Un gran grupo de los pokémon, decidió acabar con los
humanos. Pero, al empezar a matar a los humanos, se dieron cuenta que lo que
realmente saciaba su hambre, era la carne. Empezaron a perder la cordura y el
sentido, hasta el punto en que se asesinaban entre ellos mismos, muchos otros
de ellos, solo comían plantas.
Un gran grupo de humanos, convenció al
resto, de asesinar a todos los pokémon que existiesen. Ellos le hicieron creer
a la humanidad, que todo pokémon, era una amenaza. Y fue allí, cuando el
exterminio masivo de pokémon y humanos, estaba por comenzar. Arceus envío
meteoros a la tierra, para extinguir a todas sus creaciones.
Luego de unos miles de años de pensar en
sus errores, Arceus le volvió a dar una oportunidad a los pokémon y a los
humanos, pero en vista que los humanos encontraron pinturas que relataban la
historia que ya había ocurrido y que el grupo de humanos que quería acabar con
los pokémon, no desapareció del todo. Él, creó otro mundo, un mundo en los
sueños de quien quiera que decidiera creer y cuidar a los pokémon, en donde
iban a habitar los siguientes pokémon, que él iba a crear.
-Tengo una pregunta-Dijo una de las
chicas.
-Adelante, hija mía.
-¿Quienes eran esos pokémon que
nombraste?
-Miles de años más tarde, esos primeros
pokémon, fueron nombrados por el hombre, como "Dinosaurios".
-Dice entonces-Exclamó otro chico y
continuó- ¿que los dinosaurios, eran pokémon?
-Así es. ¿Alguna otra pregunta?
-¿Podrías explicarnos el por qué de ésta
reunión?
-Necesito saber quien está dispuesto, a
ser parte del mundo pokémon.
-¿Acaso piensas que alguien va a rechazar
ésta oferta?
-Me temo hijo mío, que aún no lo saber
todo.
Todos guardaron silencio, al ver que
Arceus aún debía decir más.
-Quien esté dispuesto a ser parte de éste
mundo. Correrá el peligro de morir en la tierra.
Arceus les explicó a todos, que las
personas que no quieren que los pokémon existan, no van a tolerar a otros que
piensen o que estén, a favor de los pokémon.
-Por eso, les permitiré escoger:
Decidan vivir una vida, fuera de lo que
yo siempre quise para pokémon y humanos, o, permanezcan del lado de los pokémon.
Arceus antes de dejar que alguien hablara,
dijo:-No deben escoger ya, el día de mañana a las 9 pm, deberán haber escogido.
Sé que todos tienen un objeto referente al mundo pokémon, antes de las 10 pm,
deberán estar en sus camas y acostarse con ese objeto.
-Pero
-Todas las preguntas serán respondidas a
su tiempos, hijos míos. Por los momentos, piensen todo, en verdad es un
sacrificio. Un sacrificio, que vale la pena.
Celebi se acercó a Arceus, para
decirle:-Espero sepas lo que haces.
-La única forma de permitirles a todos
ustedes volver a ese mundo, son ellos.
-Lo sé, pero...
-Confía en mi, Celebi. Algo me dice, que
muchos tendrán que morir y que todo aún es incierto, pero, todo depende del
esfuerzo de ellos.
-¿Qué hace que confíes tanto en los humanos?
-Son mis creaciones y debo tener fe en
ellos, aún cuando son pocos los que tienen fe en mí.
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