martes, 6 de agosto de 2013

Vivir sin vida.-Parte 04

— ¿Eres tan idiota como para desafiar a la muerte?
— No. Soy tan decidido que te venceré.
— ¿Qué te hace pensar que tienes alguna oportunidad de sobrevivir?


Ésta vez quién rió, fui yo. Como era de esperarse, la muerte se enfureció, se acercó a mí y me miró fijamente a los ojos. Yo, sin la menor impresión y completamente tranquilo, le lancé una mirada fría. Mi mirada, solo avivó las llamas que ardían en sus ojos, veía en su cadavérica cara, que lo único que quería, era acabar conmigo. Yo no le temía a la muerte, no le tenía miedo a nada. Pero… algo causaba incertidumbre en mí, y era la duda de si en verdad, la muerte lograría su misión.


Era obvio para ambos, que ninguno se iba a rendir. Sin embargo, seguía existiendo un problema; si llegaba a vivir ¿cuál sería mi motivo para estar vivo? Podía pelear por mi vida, solo para demostrarle a la muerte, que tengo determinación, pero… ¿y luego? Si lo hacía, solamente llegaría a ser lo mismo: Un hombre desdichado, por no decir otra cosa.


Era una carrera contrarreloj, yo debía de buscar rápidamente, algo que le diera sentido a mi vida, de no encontrarlo a tiempo, mi fin, llegaría muy pronto. Debía de pensar rápido, o si no


— ¿Qué es... eso?


De repente, la muerte se había desvanecido, pero ¿y el escenario en el que me encontraba hace solo unos segundos? ¿A dónde rayos se fue todo? Ahora estoy yo, en una especie de habitación gris, de un tono no muy oscuro. Y… sigo escuchando una voz… y es… es…


— No hay necesidad de llorar.


Al escuchar las palabras que emanaban de su boca, la fuente de mis ojos empezó a fluir sin discreción alguna. Yo estaba ya, arrodillado en el suelo, ella también se arrodilló ante mí y me levantó la cara, para que la mirara directamente a los ojos. Yo, aún llorando, le miré como pude. No me lo podía creer. Estaba tan bella como siempre la recordé después de perderla.


—Por lo menos, aprovecha éstos momento para hablarme ¿no?
—Tú no eres real, no puedes ser real— Dije sin poderme creer nada de eso.
Ella hizo un gesto de desapruebo y dijo: — ¡Ay, Valentine! Sigues tan terco como antes.
—Eres tú… en verdad, eres tú.
— Ya te lo había dicho, mi amor.
— Ve... Vega…—Seguí llorando descontroladamente.

Era ella, mi esposa, se veía radiante e idéntica a como se veía en mis sueños, esto no dejaba de sorprenderme, podría haber abandonado todo, pero, creo que eso no estaba en los planes de ellas, sé que estaba tan alegre como yo de volvernos a encontrar, pero, era obvio que algo le incomodaba.


—Sé en el aprieto en el que estás ahora mismo.
—Eso ya no importa más, estoy con...
— ¡NO!—Me interrumpió y continuó: — Si importa.
— Pero…
— Mi amor, a ti, aún te queda tiempo en la tierra. Y debes luchar por ello.
— No hay una razón para hacerlo— Dije bajando la mirada.
— Pues, sí la hay.


Ella señaló con su dedo a mi espalda. Cuando voltee mi cabeza para ver, estaba mi madre, mi ahijada y mi hermanita, todas juntas, las tres estaban jugando, también, con otra niña y era la hija del doctor, yo solo pude sonreír. En cierto momento, mi hermanita, la niña y mi ahijada, se dieron cuenta de mi presencia y desde donde estaban, me saludaron.


— Lucharé por ellas, sé que es lo que quisieran.
— Y es lo que yo también quiero. Vive, que aún tienes tiempo para ello.


Yo caminé tomado de la mano de ella por unos veinte segundos, por un corredor que nos llevó a ambos hasta el lugar exacto, en donde aún estaba mi cuerpo, ella se despidió de mi con un beso y cuando por fin estaba a punto de hacer reaccionar mi cuerpo físico, la niña corrió a mí, haló mi brazo y me dijo algo al oído, me pidió que se lo dijera al doctor, de parte de ella. Yo asentí con la cabeza y le pedí que les dijera algo a mi hermanita y a mi ahijada de mi parte.


En lo que yo abrí mis ojos, solo veía mucha gente corriendo. Segundos después, logré ver al doctor, tenía una cara de sorprendido muy grande. Se acercó a mí, abrió su boca, pero la sorpresa de verme vivo, no lo dejó articular palabras para mí. Yo, tomé su mano y como pude lo halé, para decirle al oído, con las fuerzas que no tenía: — La pequeña Susan, me pidió que te dijera: Bendición papá. Por favor, deja de fumar.


— Y luego ¿qué pasó, Lee?
— Pues, ese fue el día en que comencé a vivir, sin tener a ninguna de las integrantes de VIDA.
— ¿Qué le sucedió al Doctor?
—Él, según oí, recién salió de una operación de trasplante de pulmones. Fue exitosa, según me contaron, claro.
— ¿Cuánto tiempo estuviste muerto?
— Las enfermeras me dijeron, que fueron unos 40 segundos los que estuve sin pulso.
— Buena historia, Lee Valentine, pero, ¿En serio piensas que yo voy a creerte todo eso?
— Es tu problema. Bueno, tengo que irme.
— ¿A dónde vas? ¡Espera! ¿Cuál era el mensaje que le enviarías a tu ahijada y hermanita?

El que no estén en la tierra, no significa que hayan dejado de existir. Para mí, ustedes siguen siendo mi vida. Aún después de la muerte.


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